Soy médica veterinaria, y aunque mi profesión involucra varias especies, no tenía mucha afinidad con los gatos, tal vez por influencia de mi papá (literalmente los detestaba), aunque realmente no recuerdo bien la razón de ésta percepción.

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  A lo largo de mi carrera ésta situación no cambió, hasta que llegó      él, uno de mis grandes amores… Pistacho. Todo ocurrió en mis            prácticas, en la clínica de pequeños animales de mi universidad,        estaba a cargo de los pacientes hospitalizados y en mi primera          ronda, para alimentarlos y asearlos, lo vi, amarillito y blanco, jamás    había cruzado mi mirada con unos ojos tan expresivos, lo amé            desde el primer día que lo vi; y aunque era un paciente, supe que      estaríamos juntos por el tiempo que la vida nos permitiera.                  Aunque  estaba en un conflicto inmenso… ¿Pero qué pasa si a mí      los gatos no me gustan para nada? Empecé a indagar y a Pacho         (su nombre en ese momento) sus propietarios                                       desafortunadamente o afortunadamente para mí, lo habían dejado abandonado, nunca se volvió a saber nada de ellos.

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Jamás me voy a olvidar de ese fin de semana de marzo del 2006, un  puente específicamente, lo quería  a mi lado por siempre, pero cómo llevaba un gato a mi apartamento? Ni a mis papás ni a mis hermanos les gustaban los gatos! Tuve que decir una mentira pequeña a mi papá, o me llevaba a mi “paciente” (no podía decirle que era un gatico abandonado y lo estaba adoptando) al apartamento o debía quedarme el fin de semana en la clínica… claramente mi papá sobreprotector prefirió tener un gato en su casa… Pistacho se adaptó de inmediato a su nuevo hogar, siempre tan tranquilo y al tiempo brindaba tanto tanto amor! A los 8 días de estar Pistacho a nuestro lado, mi papá indirectamente entendió que iba a ser parte de nuestra familia por siempre, de hecho él, fue quien le compró su comida, su arena, collar de identificación, productos de aseo y protección (Dentyfarm para su cuidado oral, complementándolo con Baxidin solución, Probiocat, para facilitar la asimilación del nuevo concentrado, hicieron parte de ese kit básico que siempre le manejamos a Pistacho). 

La personalidad de Pistacho era demasiado serena, noble, poco maullador pero muy ronroneador, amaba dormir entre las cobijas, con su cabeza en la almohada como cualquiera de nosotros, las hojas de los tamales lo volvían loco de la emoción, en fin, Pistacho nos enseñó lo que era tener un nuevo integrante en nuestra familia, que sólo con actos te demuestra el auténtico amor, al punto que mi papá, si, quien no soportaba los gatos!, lo dejaba dormir entre él y mi mamá, para que no le diera frío!

 Menos de un año después ya eran dos gatos en nuestra familia, junto a Pistacho llegó Atila, con una personalidad totalmente opuesta, pero que hizo que continuáramos desarrollando éste amor hacia ellos, 13 años después puedo garantizar que llevar a Pistacho a mi hogar ha sido la mejor decisión de vida que he podido tomar, y aunque mi gordo no está con nosotros desde el 16 Agosto de 2017, él fue quien hizo que en mi familia ya sean 8 los nuevos integrantes que la acompañan, con mis papás y hermanos viven Atila, Tashis, Matías, Guapo, Carlota y Ringo, y en mi hogar, Mimí y Fígaro, no debemos cerrarnos a disfrutar del más puro amor por prejuicios, mitos o lo que sea, brindémosle un hogar a un gato o un perro, adoptemos más! Por eso,  por éstas razones y miles más que no escribo acá, siempre diré que “al que no le gustan los gatos, es porque no ha tenido uno”.

 

 

 

 

CAMILA ROJAS
ENERGÍA CREATIVA

 

 

 

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